Tema 18.- Matanzas y el Dr .Julio. En los ochenta años del profesor Font Tió.

HOSPITAL PEDIÁTRICO DOCENTE "ELISEO NOEL CAAMAÑ0"
Matanzas y el Dr .Julio. En los ochenta años del profesor Font Tió.
Matanzas and Dr. Julio. In the eighty birthday of professor Font Tió.

AUTORES 

Dr. Narciso Hernández Rodríguez.(1)
Dr. Víctor Ferreira Moreno. (2)
E-mail: victorf.mtz@infomed.sld.cu

(1)

Especialista de I Grado en Cirugía General. Hospital Pediátrico Universitario “Eliseo Noel Caamaño”.

 

Matanzas .

(2)

Especialista de I Grado en Radiología. Profesor Instructor. Hospital Pediátrico Universitario “Eliseo Noel

 

Caamaño”. Matanzas.

 

RESUMEN

El Dr. Julio Font Tió es, sin dudas, una de las personalidades míticas de la sociedad matancera. Los que, aún sin conocerlo, crecimos oyendo retazos de su vida y obra, no podemos más que reafirmar la idea, pero siempre, con las acepciones más positivas del término mítico. En homenaje a sus ochenta años y a su persona, proponemos un recorrido imaginario por parte de la ciudad después de otra clase de cirugía impecable.

DeCS:
PERSONAJES
CIRUGÍA
CUBA

INTRODUCCIÓN

Julio Font, es un médico de la ciudad, aunque decirlo así no lo distingue mucho en un lugar con tantos médicos. Hijo natural de este pueblo, era ya cirujano talentoso y con perspectivas desde antes de la Revolución, por lo que conoció los vicios y encantos que reservaba aquella sociedad para un profesional joven e inteligente, sin que ello afectara su dignidad, responsabilidad y humanismo. Hoy muchos piensan que en Matanzas cirugía se escribe con J y, desde luego, mayúscula. Maestro de maestros ostenta todos los títulos profesionales a que se pueda aspirar, así como otros muchos valores que no se titulan. Estaba sentado en su original escritorio, constituido por un cómodo sillón, y apoyado en los brazos de éste una vieja madera pulida por el uso, con una escotadura para acomodar su poco pronunciado vientre, y donde descansaban varios libros de una vez, en uno que estaba abierto, leía con dificultad a causa de la poca luz y unos maltrechos espejuelos que aún resistían gracias a la ingeniería del esparadrapo; tan concentrado y ausente que no notó mi llegada.
_ ¡Estás ahí?, me dijo cuando levantó la vista del libro, unos segundos después de llegar.
_ Yo lo estuve llamando por teléfono, pero usted no estaba.
_ Sí, me detuve un poco, me dijo.
Había pasado por un círculo cercano a su casa, donde acostumbra a llegar en ocasiones cuando viene del hospital, para disfrutar de un buen ron blanco cubano modificado con unos trozos de hielo, así como del cariño, respeto y admiración que médicos, cirujanos, pacientes y no pacientes, y hasta desconocidos que un día oyeron de él, le profesan a su encuentro.
_ Yo vine para recordarle que mañana operamos a la paciente de la quemadura esofágica y como usted nos prometió participar, quería saber si necesita que lo recoja, o si tiene alguna otra dificultad.
_ No, Juan, gracias por haber venido, tú eres muy atento, ahora mismo estaba revisando el tema y la técnica quirúrgica. Yo voy mañana un poco después de las 8 a.m., por que antes debo pasar a recoger unos espejuelos nuevos en la óptica.
En la mañana temprano, el auto no le arrancó, lo empujó y tampoco, por lo que salió andando calle abajo. Un conocido lo recogió pero cuando llegó al salón, un grupo de especialistas y residentes lo esperaban para participar de la operación.
La sustitución esofágica, la operación en cuestión, es una técnica de considerable envergadura que requiere experiencia y habilidad; en este caso era una mujer de 34 años que había tomado ácido en un intento suicida y tenía quemado casi todo el esófago. Como se esperaba, la operación fue una verdadera clase de cirugía práctica, de gran utilidad para todos, y aunque hubo que rebasar pequeños obstáculos en cuanto a suturas y otras cosas, durante casi cuatro horas todos estuvieron atentos y dedicados a realizar lo mejor posible su trabajo.
_ Profe, le dije en el vestíbulo cuando habíamos terminado, en nombre de todos le doy mil gracias por esta oportunidad que nos ofreció y de nuevo estoy a su disposición, para regresarlo a su casa, o llevarlo donde quiera.
_ No, Juan, de nuevo te agradezco, pero no me prives de la posibilidad de caminar con calma a través de la ciudad, lo más que te acepto es que me acompañes a pie.
Evidentemente lo acompañé, así que bajamos juntos, primero hasta el paseo de Martí, donde inmediatamente, debajo de nosotros, se extiende la bahía, limitada al frente por una colina, en cuyas márgenes una franja de ciudad más nueva la separa del agua. Lo vi disfrutar con gusto del agradable espectáculo que la naturaleza ofrece, matizado por la mano del hombre: la terminal de azúcar a granel, el muelle de supertanqueros, el más reciente pedraplén, que usurpando parte de las playas, contribuye a embellecer la ciudad, principalmente en la noche y a la distancia, e incrementa el número de sus puentes. Más a lo lejos, el de Canímar, se yergue regio.
Seguimos andando despacio frente al antiguo cuartel Goicuría y pasamos junto a la desembocadura del Yumurí, hasta el puente de la Concordia (1878), que desde hace más de 100 años cruza sobre sus aguas.
Seguimos hasta la calle Milanés, justo frente al Teatro Sauto, joya de la cultura matancera que desborda su brillo fuera de la ciudad; y en este bello escenario colonial contemplamos el Palacio de Junco, el café Atenas, el palacio de Justicia, la Vigía, el cuartel de Bomberos y, al fondo, el puente sobre el San Juan, como la novia del río.
Subimos por Milanés a un costado de la catedral y en el patio se constata la presencia del poeta. Llegamos a la antigua plaza de armas, Parque de la Libertad desde principios del siglo pasado en que acogiera la estatua del Maestro y apreciamos el complejo arquitectónico que forman entre otros, la casa de Gobierno, la biblioteca Gener y Del Monte, el hotel Louvre y el museo Farmacéutico, conservados y bellos.
Subimos entonces por Contreras y un alto obligado hicimos en el Pre, antiguo Instituto de Segunda Enseñanza, monumental construcción en cuerpo y alma y verdadera institución del saber, que desde sus inicios albergó a un ilustre profesorado y donde se encaminaron muchos hombres de las ciencias y las letras cubanas, pero, sobre todo, muchos hombres de bien.
Seguimos hasta la casa de Julio, muy próxima al parque René Fraga, que se encumbra majestuoso y señorial hacia la cima de la ciudad.
_ Qué bueno que llegaste, Julio, le dijo su esposa, debes estar cansado, te voy a preparar un café.
_ Sí, verdaderamente estoy cansado –dijo éste–, pero el agotamiento físico y el esfuerzo intelectual también me reconfortan, hoy he tenido el doble privilegio de operar con cirujanos de varias generaciones, y de caminar la vieja ciudad de siempre, que aunque casi a diario la cruzo, no la veo y menos la disfruto por la velocidad de la vida de hoy; de manera que me siento bien, muy bien, además y, sobre todo, porque las dificultades y necesidades cotidianas no han logrado afectarme, ni menguar mis deseos de trabajar y vivir.
Yo, que tuve el placer de compartir este agradable día de Julio, creo que Matanzas tiene un cirujano como tiene un Valle y una Bahía, como tiene un Sauto y una Catedral, como tiene un puente sobre el Yumurí.

SUMMARY

The Dr. Julio Font Tió is, without doubt, one of the mithical personalities of Matanzas society. Those who, even without knowing him, grew up listening stories about his life and work, can not do anymore than refirm that idea, but always adscribing to the most positive acceptions of the word mithic. In the homage organized in his eighty years, we propose an imaginary trip through some parts of the city after another impeccable lesson of surgery.

MeSH:
FAMOUS PERSONS
SURGERY
CUBA

CÓMO CITAR ESTE ARTÍCULO

Hernández Rodríguez N, Ferreira Moreno V.
Matanzas y el Dr .Julio. En los ochenta años del profesor Font Tió. Rev méd electrón[Seriada en línea] 2006; 28(5). Disponible en URL:http://www.cpimtz.sld.cu/revista medica/año2006/tema18.htm[consulta: fecha de acceso]

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